El debate sobre la etiqueta en los aviones se extiende a muchos aspectos del vuelo, desde la reclinación del asiento hasta el código de vestimenta. Pero una pregunta que con frecuencia se pasa por alto es ¿quién controla las persianas y qué se considera un comportamiento razonable? Si bien no existe una regla formal, la realidad es que el pasajero en el asiento de la ventana generalmente tiene derecho a ajustar la persiana como mejor le parezca.

Sin embargo, este derecho no existe en el vacío. Es esencial tener consideración con los demás pasajeros. Si la luz solar directa ciega a los demás, bajar la persiana es una simple cortesía. Si alguien solicita cortésmente que lo bajen, especialmente en un vuelo largo donde dormir es una prioridad, llegar a un acuerdo es una buena idea. Evite confrontaciones innecesarias; Si alguien es grosero, involucre a un miembro de la tripulación en lugar de agravar la situación.

El consenso en la cabina es importante

En vuelos más largos, especialmente en rutas nocturnas o de ojos rojos, es común que las tripulaciones soliciten a los pasajeros que bajen las persianas para permitir que otros duerman. Muchas cabinas adoptan un enfoque uniforme, donde la mayoría de los pasajeros cierran las persianas. En estos casos, mantener el tuyo abierto puede generar un deslumbramiento desagradable para quienes están cerca.

Algunas aerolíneas, particularmente en cabinas premium o en vuelos menos concurridos, pueden incluso cerrar ellas mismas las persianas de manera proactiva. Los aviones más nuevos, como los Boeing 787 y algunos A350, tienen atenuadores electrónicos que las tripulaciones a veces pueden “bloquear”, evitando que los pasajeros los vuelvan a abrir. Si bien las aerolíneas no siempre fomentan esta práctica, sucede.

La tensión entre preferencia personal y cortesía común

El problema surge cuando las tripulaciones presionan para que haya cabinas oscuras durante los vuelos diurnos. Algunos pasajeros, como los que viajan hacia el oeste a través del Atlántico, prefieren permanecer despiertos y disfrutar de la vista. Verse obligado a permanecer en la oscuridad durante horas puede resultar frustrante, especialmente en vuelos más cortos donde la mayoría de los pasajeros no intentan dormir.

En estas situaciones, lograr un equilibrio es clave. La mayoría de la gente seguirá el consenso de la cabina, pero es razonable reabrir un poco más cerca del servicio de comidas en un vuelo diurno largo.

En última instancia, la persona sentada junto a la ventana tiene el control inicial, pero la cortesía debe guiar la decisión.

Conclusión

La etiqueta de las cortinas de las ventanas de los aviones no se trata de reglas estrictas, sino de respeto mutuo. El pasajero de ventanilla tiene cierto grado de autonomía, pero debe considerar la comodidad de los demás. Las aerolíneas y las tripulaciones también desempeñan un papel, aunque una aplicación demasiado agresiva de la oscuridad puede alejar a quienes prefieren permanecer despiertos. El enfoque más práctico es seguir la corriente, llegar a acuerdos cuando sea necesario y evitar conflictos innecesarios.