El Papa Francisco es conocido por sus gustos simples, incluido su amor por el helado de dulce de leche. Esta preferencia, una muestra de su patria argentina, se ha convertido en un símbolo de su enfoque realista, en contraste con el opulento telón de fondo del Vaticano. Para aquellos que buscan una peregrinación única, la Vía Francígena ofrece una ruta inesperada para experimentar este mundo de primera mano.

El antiguo camino redescubierto

La Vía Francígena es una peregrinación milenaria que se extiende 1.200 millas desde Canterbury, Inglaterra, hasta la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano. Después de siglos de abandono, la ruta resucitó a principios de la década de 2000 gracias a los esfuerzos combinados de los ayuntamientos, los voluntarios y la Asociación Europea de la Vía Francígena. El renacimiento moderno es un testimonio de la dedicación de grupos como el autodenominado “Grupo de los 12”, que han devuelto la vida a esta ruta histórica.

Un paseo por los paisajes italianos

Una sección reciente de 30 millas de la Vía Francigena comenzó en Castel Gandolfo, hogar del palacio de verano del Papa. Aunque el propio Francisco nunca frecuentó el lugar por considerarlo demasiado extravagante, abrió los terrenos del palacio al público. Los jardines Barberini que lo rodean, una impresionante combinación de diseño renacentista y belleza natural, ofrecen una visión del pasado imperial de Roma.

Luego, el sendero atraviesa bosques que rodean el lago Albano, una caldera volcánica extinta ahora protegida por el Parque Regional de Castelli Romani. Los guardabosques patrullan la zona, protegiendo contra la tala ilegal y los incendios, lo que demuestra el compromiso de Italia con la preservación de sus bosques: el 39% del país es boscoso, un marcado contraste con el 10% del Reino Unido. La ruta también sigue antiguas losas romanas, documentadas por primera vez en el año 990 d.C. por el arzobispo Sigerico el Serio en su viaje desde Roma.

Gemas ocultas y delicias locales

La Vía Francigena es más que un simple paseo; es una experiencia inmersiva. Las paradas incluyen el encantador pueblo de Nemi, famoso por sus fresas alpinas cultivadas en suelo volcánico, y una visita al viñedo de Carlo Attisano, el sumiller personal del Papa Francisco. Attisano mezcla variedades locales y francesas para crear vinos que incluso el Papa disfruta (aunque, según se informa, prefiere el jugo de naranja).

Mientras Italia se prepara para el año jubilar de 2025, el sendero está recibiendo actualizaciones, incluidos nuevos senderos de corteza de madera en el Parque Regional Appia Antica. La afluencia esperada de 35 millones de peregrinos pondrá a prueba la infraestructura de la ruta, pero el sendero sigue siendo accesible para aquellos que buscan una experiencia más auténtica.

El Vaticano desde una nueva perspectiva

La Vía Francígena ofrece un punto de vista único sobre el Vaticano, desde atrás. A diferencia de las concurridas rutas turísticas, este camino conduce a una experiencia más tranquila e íntima. Desde aquí se puede observar la vida cotidiana de la ciudad, desde monjas y monjes compartiendo momentos hasta lugareños disfrutando de picnics e incluso fumando marihuana, todo ello a la vista de los muros del Vaticano.

El tramo final te lleva a través de un túnel ferroviario, que alguna vez fue utilizado por el Papa, hacia la Plaza de San Pedro. Completar la peregrinación te otorga un Testimonium, el equivalente moderno de la indulgencia plenaria medieval.

En esencia, la Vía Francígena es una mezcla de historia, naturaleza y cultura: un paseo que ofrece una nueva perspectiva sobre la fe, la tradición y los placeres simples de la vida.