Se han desplegado agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en trece aeropuertos importantes de Estados Unidos, pero su presencia ha hecho poco para aliviar las filas masivas de la TSA. El despliegue, aparentemente destinado a liberar al personal de la TSA para tareas de inspección, parece en gran medida simbólico, con agentes de ICE en su mayoría esperando en lugar de relevar activamente a los inspectores sobrecargados.

Retrasos generalizados a pesar de la presencia de ICE

Los despliegues incluyen centros importantes como Atlanta, Chicago O’Hare, Houston y Nueva York (JFK y LaGuardia), así como aeropuertos más pequeños como Fort Myers, Nueva Orleans y San Juan. A pesar de la presencia de ICE, los pasajeros todavía enfrentan esperas de horas, con colas que se extienden hasta los estacionamientos en algunos lugares. La situación es especialmente grave en ciudades como Nueva Orleans y Atlanta, donde los retrasos son severos.

Ayuda ineficaz y conflictos operativos

El problema surge de una escasez crítica de personal: más del 11% de los inspectores de la TSA están declarando enfermos a nivel nacional, en comparación con un 2% típico. Para llenar este vacío, se necesitarían entre 4.000 y 5.000 examinadores adicionales. Los pocos cientos de agentes de ICE desplegados no pueden realizar legalmente tareas de detección, lo que significa que no ofrecen ningún alivio funcional al personal de la TSA.

Además, los agentes de ICE poseen poderes de aplicación de la ley más amplios que los inspectores de la TSA, lo que plantea dudas sobre la idoneidad de este despliegue. La agencia está siendo desviada de la aplicación de la ley de inmigración y, en algunos casos, incluso de las investigaciones antiterroristas para abordar una crisis de personal civil.

Situación de rehenes políticos

El problema subyacente es un estancamiento político sobre la financiación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Los demócratas están reteniendo fondos hasta que se realicen reformas para el control de la inmigración, mientras que los republicanos están bloqueando la financiación total del DHS, excepto para la inmigración, manteniendo efectivamente a la TSA como rehén en una lucha política. Este enfrentamiento, que también incluye disputas sobre la elegibilidad de los votantes a través de la Ley SAVE, está provocando directamente retrasos en los pasajeros.

Ineficiencia sistémica de la TSA

La TSA tiene una larga historia de prácticas de seguridad ineficaces, agravada por su doble papel como regulador y operador. La agencia también se ha resistido a permitir la presencia de contratistas de seguridad privados en muchos aeropuertos, incluso cuando esos aeropuertos los preferirían. Esta ineficiencia estructural, combinada con la actual crisis de financiación, crea una tormenta perfecta para el caos en los viajes.

La situación es insostenible. Se están pagando rescates a los pasajeros por disputas políticas y la agencia no está cumpliendo su función principal.

La implementación de ICE es una solución temporal que no aborda la raíz del problema. Hasta que se restablezca la financiación y se resuelvan los problemas sistémicos de la TSA, los viajeros seguirán sufriendo graves retrasos.