La Fundación Surfrider, dirigida por el director ejecutivo Chad Nelsen, se erige como una fuerza única en el ambientalismo estadounidense. A diferencia de muchos organismos de conservación, opera independientemente de la financiación gubernamental, basándose en cambio en la participación de la comunidad y asociaciones corporativas estratégicas para defender las costas y abogar por prácticas sostenibles. Este modelo le permite actuar con rapidez y decisión, incluso cuando los vientos políticos en contra amenazan el progreso.
Una historia arraigada en la comunidad del surf
Fundada en 1984 por surfistas del sur de California, la Surfrider Foundation ha crecido hasta convertirse en una red global con afiliados en Australia, Japón, Canadá y más allá. Aunque descentralizados, estos capítulos siguen alineados con su misión principal: proteger los ecosistemas marinos y las comunidades que dependen de ellos. Nelsen, surfista y ex salvavidas, ha pasado casi tres décadas en la organización, ascendiendo de director medioambiental a director ejecutivo en 2014.
Su experiencia refleja los orígenes de la fundación. Su padre era biólogo marino y su hermano es surfista profesional. Esta profunda conexión con el océano informa el enfoque de la organización, que comenzó protegiendo los lugares para practicar surf y se ha expandido para abarcar preocupaciones costeras más amplias.
De la surfonomía a la resiliencia climática
Bajo el liderazgo de Nelsen, Surfrider fue pionero en el concepto de “surfonomía”, reconociendo el valor económico de los ecosistemas costeros saludables. Este enfoque ha demostrado ser eficaz para asegurar victorias como el establecimiento de la reserva marina Tres Palmas en Puerto Rico y la preservación de Trestles, una emblemática zona de surf en California, del desarrollo de carreteras.
Hoy, la fundación prioriza la adaptación al cambio climático, una tarea que se ha vuelto significativamente más difícil debido a los recientes cambios políticos. La postura pro desarrollo de la actual administración federal y el retroceso de las iniciativas climáticas han obligado a Surfrider a adoptar una postura defensiva, luchando contra amenazas como la expansión de las perforaciones en alta mar y el debilitamiento de las protecciones ambientales.
Un modelo de financiación híbrido
La independencia financiera de Surfrider proviene de una combinación de membresía de base, patrocinios corporativos y promoción estratégica. Si bien evitar la financiación gubernamental directa garantiza la autonomía, la organización acepta asociaciones corporativas. Estos están sujetos a una investigación rigurosa, y marcas como Rip Curl, Patagonia y Alaska Airlines se unen a la causa. Este enfoque permite a Surfrider aprovechar el reconocimiento generalizado para amplificar su mensaje y demostrar los beneficios económicos de la conservación costera.
Más allá de la promoción: acción directa y participación comunitaria
El impacto de Surfrider se extiende más allá del lobby y las batallas legales. La organización encabeza miles de limpiezas de playas anualmente, ejecuta programas de calidad del agua y restaura activamente los ecosistemas costeros. Este enfoque práctico empodera a las comunidades locales y fomenta un sentido de propiedad sobre los esfuerzos de conservación. El Programa de Acción Climática de la fundación, lanzado el año pasado, ejemplifica esta estrategia, centrándose en la restauración de dunas, la preservación de humedales y el secuestro de carbono.
Nelsen enfatiza que la participación no requiere contribuciones financieras. Surfrider ofrece capacitación a voluntarios para que participen en una amplia gama de actividades, desde monitoreo científico hasta extensión comunitaria.
El futuro de la conservación costera
A pesar de los obstáculos políticos, Nelsen sigue siendo optimista. Él cree que la creciente conciencia sobre los impactos climáticos (desde tormentas hasta incendios forestales) está creando oportunidades para el progreso, incluso en regiones tradicionalmente conservadoras. El éxito de Surfrider depende de su capacidad para cerrar la brecha entre las políticas y la experiencia vivida, demostrando los beneficios tangibles de la gestión ambiental.
El alcance de la fundación se está expandiendo, con una base cada vez mayor de seguidores activos: aproximadamente 1 de cada 80 estadounidenses se identifica como surfista, lo que se traduce en más de 100.000 miembros comprometidos. La supervivencia del océano depende del activismo popular continuo y, como dice Nelsen, la elección es clara: “¿No hacer nada?”
Para quienes se preocupan por la salud del océano, la Surfrider Foundation ofrece una forma tangible de marcar la diferencia. Visita surfrider.org para obtener más información y participar.






















