El papel no tiene por qué proceder de los árboles. O eso pensaba Juan Manuel de la Rosa hacia el año 2000.
El artista mexicano llegó al pequeño pueblo colonial de Barichara con una sola idea: fabricar papel a partir de fibras naturales. Sin productos químicos. Sin pulpa de madera. Sólo materia vegetal.
No fue sólo un proyecto fugaz. El taller abrió definitivamente en 2001.
Empezaron poco a poco. La fibra local de fique hizo el trabajo pesado primero. ¿Entonces? La paleta se amplió. Hojas de piña, aloe vera, papiro. El jardín detrás del taller alimenta el molino. Es un circuito cerrado.
¿Dónde hacen el trabajo? Dentro del antiguo almacén de la Compañía Colombiana de Tabaco. Dejando a un lado la ironía, el espacio les conviene.
Nueve mujeres locales dirigen el espectáculo.
“La fabricación de papel es comunitaria, táctil y lenta”.
Los visitantes no se mantienen a distancia. Puedes unirte al proceso. Sumerge la sábana. Presiónelo para secarlo.
Venden algo más que papel. En realidad, apenas venden sábanas en bruto. En su lugar, encontrarás joyas. Lámparas. Animales de juguete colgando como móviles en el aire. Impresiones de arte y libros hechos a mano también. Todo comienza como fibra. Termina como un objeto.
Puedes tocarlo todo. Incluso las plantas colorantes crecen allí, arraigadas en el mismo suelo que proporciona el material base.
Entonces compras una lámpara, pero ¿qué te llevas realmente a casa? El método.